“El artista no hace lo que quiere la gente, eso es cosa de publicistas”

pintor2En un lugar de La Mancha, cuyo nombre es Moral de Calatrava (Ciudad Real), nació hace 26 años Samuel Guzmán Pérez, un joven artista que desde hace un año vive en Madrid y dedica su vida a la pintura. Cae la tarde junto al Palacio Real cuando el protagonista de esta entrevista trabaja en una modesta habitación convertida en taller. La zona es muy céntrica y se sitúa a escasos 50 metros de donde fuera enterrado en 1660 el genial pintor Diego Velázquez.

“Los pintores no tenemos un horario fijo. Suelo trabajar por la noche y a veces me quedo en casa todo el día, de vez en cuando salgo a dar una vuelta para saber si el mundo sigue existiendo”, comenta Samuel, con humor, sobre la dureza de esta profesión. El joven pintor tuvo que abandonar Alicante el año pasado por culpa de la crisis. “En el arte no se vive, se sobrevive. La gente no entendía por qué dejaba un trabajo más o menos estable. Pero me pregunté si quería trabajar en algo que no me decía nada o dedicarme a lo que más me gustaba y que hacía en mis ratos libres”, añade el joven a Mirada21.es.

Para este emprendedor, la palabra “miedo” no está en el diccionario. “Si es lo que realmente quieres, inténtalo. Si tienes un talento no lo entierres. Yo estudié restauración arqueológica y me tiré un año ampliando estudios por falta de trabajo. La clave es echarle horas y aprovecharlo todo. Al principio cuesta y te vienes abajo pero luego vas viendo los frutos”, sostiene el artista manchego que tuvo el valor de dejarlo todo por cumplir un sueño.

El estilo de Samuel se basa en el retrato. Cuando encuentra una cara curiosa la plasma sobre la madera. “Mi pintura comienza a partir de los retratos y lo demás es puro surrealismo”, relata. El joven utiliza pintura acrílica porque no huele y es más barata, compra grandes botes de colores primarios y hace él mismo las mezclas. La madera desempeña un papel muy importante en todas sus obras. “Me gusta recortar madera y hacer figuras con ella, me recuerda a cuando usábamos la segueta en el cole”, comenta con nostalgia en una habitación demasiado ordenada para ser la de un artista.

El esfuerzo es la clave de su éxito
Las obras de este joven pintor se cotizan entre los 200 y 500 euros, dinero con el come, se viste y paga el alquiler de la habitación. “Un día puedes ganar mucho y otros nada. Cuando llegué aquí me recorría Malasaña preguntando en locales si me dejaban exponer y entregando tarjetas”, afirma Samuel. El departamento de ventas de este artista se reduce a su web (www.laortopediadelmanco.tumblr.com), a las redes sociales y al boca a boca. “La gente contacta conmigo por Facebook y me hacen encargos, yo mismo les envío las obras. He llegado a venderlas hasta en Australia”, asegura este pintor de corte del siglo XXI.

La crisis económica no debe servir de excusa en esta profesión. “La crisis te ayuda a no relajarte y a sacar lo mejor de ti. Estás todo el tiempo pensando en hacer cosas originales porque hay mucha competencia. Uno siempre piensa que de mayor tiene que trabajar en algo estable, pero luego descubres que en este mundo no hay nada estable”, afirma el ganador en 2011 del Premio Joven de pintura de San Juan de Alicante con la obra “Cumpleaños de niño pájaro”.

“Mi próximo proyecto es pintar una serie de santos de rostros modernos. La pintura religiosa y la simbología cristiana tienen mucha fuerza y creo que es algo muy valioso”, comenta el artista mientras lee la correspondencia. Para Samuel, la relación iconográfica de sus obras es cada vez más importante. “Al principio me sorprendía con las interpretaciones que se hacían de mis cuadros porque no pensaba que tuvieran ningun significado, ahora procuro que sigan una temática y creo que desde fuera esto se puede ver cada día mejor”, asegura.

Para el moraleño, el creador y su público deben convivir bajo un pacto de no agresión. “El artista hace lo que siente y plasma sus ideas, no hace lo que el público quiere. Eso se lo dejamos a los que estudian marketing o publicidad”, comenta. Los padrinos y mecenas siguen siendo fundamentales en el mundo del arte. Samuel se lamenta: “Hay gente que pinta muy bien y no se les conoce. Los pintores que empezamos muchas veces somos como un bar vacío, la gente sospecha y se va al lleno. Donde va Vicente va la gente”, sentencia un joven pintor que con esfuerzo y sacrificio consigue que la barra del bar se llene cada día más.

(Leer original aquí) #Mirada21

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