Un campesino levanta una catedral con sus propias manos

rthyrt“Una catedral no son piedra ni estatuas, ni siquiera un lugar para rezar. Es un hermoso trabajo, que rezo a Dios, nunca termine”, escribió Ken Follet en su obra cumbre “Los Pilares de la Tierra”. El protagonista de la siguiente historia podría haber servido de inspiración para el autor británico de no ser porque se trata de un sencillo campesino que vive en un pueblecito de Madrid. Justo Gallego Martínez nació hace 89 años en Mejorada del Campo (Madrid), y dedica su vida a construir una catedral con sus propias manos. Desde hace 53 años, Don Justo madruga cada día para levantar cúpulas y fabricar columnas. Plásticos y cascotes de todo tipo le sirven de material en esta gran empresa.

Tentados a colaborar
A veinte minutos de la capital y junto a la calle Antonio Gaudí, padre de la también inacabadaSagrada Familia de Barcelona, se encuentra una de las obras arquitectónicas más increíbles de esta época y monumento vivo a la constancia del ser humano. Las puertas del edificio acogen al visitante abiertas de par en par y los cerca de 8.000 metros cuadrados de terreno se pueden recorrer líbremente con el cuidado de saber dónde se pone el pie. Mini-talleres, montañas de plásticos y piedras, tablones apilados y bancos que no han sido todavía estrenados tientan al visitante a ponerse a trabajar.

“Esto solo se puede hacer por Dios, si no es que estás loco. ¿Qué hay mejor en la vida que venir al mundo y hacer algo por el Creador?”, comenta Don Justo aMirada21.es. Ataviado con su característica bufanda roja, a juego con un gorro, se mueve de un lado para otro con una sorprendente agilidad para la edad que tiene. Con el mono de trabajo, gesto amable y el convencimiento de estar cumpliendo la misión para la que ha nacido recibe a las visitas que llegan a ver su magnífica obra. “Mi madre era muy católica, ella me trasmitió su fe y devoción por la Virgen del Pilar, a quien está dedicada el templo. El Pilar es todo para España”, afirma el genial artista. Cuando tenía 27 años, Don Justo ingresó en el Monasterio de Santa María de Huerta (Soria), donde permaneció ocho años hasta que una tuberculosis le obligó a abandonarlo. Desde que saliera del monasterio, ha vivido célibe y en oración, dedicado a Dios y a cumplir un anhelo muy especial.

Un sueño como una catedral
La catedral de la Virgen del Pilar se expone en el MOMA (Nueva York) y es visitada cada año por miles de personas, muchas de ellas arquitectos y aparejadores procedentes de todas las universidades españolas. El reconocido arquitecto Norman Foster, ganador del Premio de Asturias de las Artes en 2009, tampoco ha querido perderse el impresionante trabajo de un sencillo labrador que nunca tuvo conocimientos previos de arquitectura. La fama mundial de este proyecto es abultada, cada cierto tiempo las cámaras y los fotógrafos aparecen por el templo para grabar anuncios y reportajes. En 2005 la marca de bebidas Aquarius grabó un exitoso spot con el lema “El ser humano es imprevisible”, con Justo y su templo como protagonistas, que permitió recaudar cerca de 300.000 euros en donativos.

Las dimensiones de la obra son descomunales. La nave central de la catedral mide 50 metros de largo por 20 de ancho y el complejo cuenta con dos claustros, una cripta, un baptisterio y dos sacristías. La cúpula central, inspirada en la de San Pedro del Vaticano, mide 35 metros de alto, mientras que las torres principales alcanzan los 50 metros de altura. La puerta principal imita una de las fachadas de la Casa Blanca y el edificio posee 2.000 vidrieras de los diferentes colores litúrgicos. El estilo arquitectónico de la obra resulta complicado de definir, para su autor pertenece a un románico moderno, pero lo cierto es que los estilos se mezclan sin un criterio claro, algo que convierte a la obra en más atrayente si cabe.

“El pueblo se creía que era la obra de un loco, ahora ya me da igual lo que piensen”, comenta a este medio el artista sobre la poca ayuda que recibe de sus vecinos y de la Administración. La Iglesia no se quiere pronunciar al no existir un proyecto que permita tener licencia de obras. “El último recibo del IBI fueron 5.214 euros”, señala Ángel López, fiel ayudante de Don Justo durante los últimos 23 años. La consecución de este sueño tan peculiar no podría haber sido posible sin la cantidad de voluntarios que se acercan todos los veranos hasta Mejorada del Campo, y de personas que desinteresadamente colaboran en la cuenta que tienen abierta.

(Leer original aquí) #Mirada21

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