“Los españoles son rebañegos, son una partida de borregos”

imgres-2“Solo el que nada a contracorriente tiene la certeza de que está vivo”, escribió el escritor británico G.K. Chesterton. Si por algo se caracteriza el siguiente protagonista es por ir muchas veces en contra de lo que piensa la mayoría de la gente. Escritor, periodista, profesor, viajero, aventurero, taurino, antifranquista, liberal, apátrida, euroescéptico, enemigo del deporte… son algunas de las etiquetas que siempre le han acompañado. Sin embargo, una particular forma de llamar a las cosas por su nombre es su rasgo más característico. Fernando Sánchez Dragó tiene 78 años, pero no los aparenta, y es español aunque no lo sienta.

Autor de una treintena de libros, Sánchez Dragó ha sido ganador del Premio Planeta, en 1992, y del Premio Nacional de Literatura, en la modalidad de Ensayo, en 1979. Como periodista tiene un Premio Ondas y ha presentado programas de éxito como Negro Sobre Blanco, en Televisión Española, y Diario de la Noche, en Telemadrid. Casado con una japonesa, 37 años menor, con la que tiene un hijo de dos años y medio, este madrileño, que cambia de husos horarios como si fueran estaciones de metro, habla con nosotros sobre su interesante estilo de vida y su visión tan particular de la realidad.

Usted es una persona que se caracteriza por hablar claro y decir siempre lo que piensa. ¿Le ha salido rentable?
Depende en qué términos cifres la rentabilidad. Sale rentable de cara a tu conciencia, a tu coherencia. Sería una persona muy desdichada si dijera lo que no pienso. Escribir es un ejercicio de sinceridad. A mí no me importa vender libros o no venderlos. A mí no me importa que mis opiniones gusten o disgusten. A mí lo que importa es ser yo mismo y escribir. Yo no vendo libros, yo los escribo. En cualquier caso, me ha salido bastante rentable todo en la vida, no tengo queja.

¿España es un pueblo con criterio propio?
Los españoles son rebañegos, son una partida de borregos. En España casi nadie tiene criterio propio. En España la gente baila al son que le tocan. Por supuesto que hay excepciones, pero son eso: excepciones. La diferencia entre España y un país como por ejemplo Japón, por ponerte el ejemplo más contrario que se me ocurre a España, es que en Japón hay pueblo y en España hay plebe. ¿Cuál es la diferencia entre pueblo y plebe? Que el pueblo está educado y la plebe no.

En una vida tan polifacética como la suya, ¿qué papel desempeña la literatura?
En mi vida solo hay una cosa que es la literatura. He vivido esa forma de vida porque era escritor. Yo lo único que soy es escritor, y he procurado llevar una vida que mereciese la pena ser contada. Solo lo que se pone por escrito existe. Para mí, la única realidad es la literaria. Por una parte, he vivido así para ser escritor y por otra parte, he vivido así porque soy escritor. Son dos cosas indisolubles. No podría haber vivido de otra manera porque mi único norte es el de ser escritor.

Cuando tenía seis años fundó un periódico que alquilaba a sus vecinos. ¿Qué le parece el periodismo actualmente?
Los colectivos de los que tengo peor opinión son los periodistas, los políticos, los abogados y los psicólogos. Prácticamente, el periodismo ha terminado. El periodismo como yo lo viví, como yo lo mamé, eso ya no existe. El periodismo tiene que ser de papel. El periodismo digital es aire en el aire, eso no es periodismo. Ya no hay quioscos, ya no hay periódicos de papel y los pocos que quedan van a desaparecer. Las redacciones ahora parecen tanatorios, ya no tienen nada que ver con esas redacciones que veíamos en las películas de Billy Wilder. El periodismo ha muerto y está al servicio del poder, de un poder o de otro.

¿Cómo vive un liberal convencido en un país como España?
Muy a disgusto. Pero lo que hago es procurar no vivir en él. Yo dentro de España, o bien me voy a vivir a ese puebluco de Soria en el que he levantado mi campamento, o soy ajeno al guirigay que me rodea. Paso muchísimos meses al año en tierras lejanas. España me agota y me asfixia. Yo creo que la política y los gobiernos sobran. El propósito de la humanidad debería ser que cada persona se gobierne a sí misma. Mi ideal es el de Cándidode Voltaire: cultiva tu huerto sin meterte en el huerto del vecino y el mundo se convertirá en un vergel. No hay que organizar nada. Yo soy taoísta por encima de cualquier otra cosa, hay que dejar que las cosas fluyan y encuentren motu proprio su desenlace.

¿Qué porcentaje de culpa tiene la desaparición de las humanidades en la crisis económica, política y de valores que vive el país?
La crisis de valores se debe a eso, y, en cierto modo, la crisis política y económica depende de la ausencia de valores. Así que influye muchísimo. Yo si fuera rey absoluto tomaría dos medidas inmediatas, la primera sería restaurar el servicio militar, y la otra volver a poner vigente el bachillerato que yo estudié. Un bachillerato con siete años de latín, cuatro de griego, tres de filosofía, tres de ciencias naturales, tres de literatura… sin eso el pueblo se convierte en plebe. Quien sabe latín sabe de todo. La desaparición del latín es un genocidio, es una catástrofe. Yo incluso ahora, casi con 79 años, estoy pensando en matricularme en clásicas.

En La Odisea, después de un largo viaje, Ulises le dice al cíclope: “yo soy nadie”. ¿Quién es Fernando Sánchez Dragó hoy en día?
Tú lo has dicho: nadie. Un hombre que no es ni blanco ni negro; ni varon, ni mujer; ni alto, ni bajo; ni guapo, ni feo; ni de derechas, ni de izquierdas; ni creyente, ni ateo. Un hombre sin etiquetas. Es decir, eso es ser yo. Lo que la gente llama ego, aunque todo el mundo lo ignore y hable con mucha alegría de ese concepto, son las etiquetas que convierten a la persona en un personaje. La búsqueda de uno mismo, que es lo que hace Ulises en LaOdisea, consiste en ir desprendiéndose de todas las etiquetas que tú mismo y los demás te han ido adhiriendo a lo largo de la vida.

Cuando presentaba Diario de la Noche, en Telemadrid, animó a marcar la casilla de la Iglesia Católica en la Declaración de la Renta. ¿Qué le movió a realizar ese gesto?
Es el mal menor, porque yo creo que no debería existir el IRPF. Yo para votar a un partido le exijo que lo elimine y que todos los impuestos sean indirectos. Los directos son una forma de latrocinio y de cercenar el mérito y la excelencia. Dicho esto, puesto que nos obligan a someternos al yugo de la fiscalización, por lo menos hay que hurtar el dinero al Estado. Tratar de que en la mayor medida posible ese dinero, que nos están robando, no vaya al Estado y vaya a otras opciones. La opción de la Iglesia Católica es una opción que por lo menos tiene valores y tiene cultura. Por supuesto que tiene detrás una historia con muchas sombras, pero también con muchas luces. El hecho de que yo no sea cristiano no significa que no aprecie lo que la Iglesia Católica ha aportado a la historia de la ilustración de la humanidad.

Usted es amigo y vecino de Esperanza Aguirre. ¿Se marchará de España definitivamente si no gobierna Madrid?
A mí no me interesa lo que pasa a mi alrededor, a mí lo único que me interesa es lo que pasa dentro de mí, que ese es otro país. Contestando de un modo más concreto, el problema es que yo me habría ido ya, pero ahora no puedo porque tengo un hijo de dos años y medio. El hijo plantea problemas de todo tipo, y no me lo puedo llevar a rastras por una vida de guerra en guerra, de terremoto en terremoto o de erupciones volcánicas en erupciones volcánicas.

¿Qué opina de la situación política de España?
La política no me interesa lo más mínimo. Leo los titulares de los periódicos, que pueden entretenerme en un determinado momento y ser motivo de una encendida conversación de sobremesa con los amigos o con los enemigos. Pero yo soy de campo, yo soy como un personaje secundario de una película del oeste. A mí la ciudad no me gusta y la política es algo que solo existe en la polis. Procuro vivir al margen de ella, no tiene ni la más mínima influencia en mi vida.

¿Qué le gustaría que fuera su hijo pequeño de mayor?
Que sea el mismo, simplemente eso, que sea él mismo. ¿Quién es el mismo? Si casi no sé quién soy yo, si seguramente no sabes quién eres tú, si casi nadie sabe quién es. Creo que ya sé, un poco, quién soy pero me ha llevado muchos años aprenderlo. Yo no puedo saber quién es mi hijo. Lo único que puedo hacer por él es ayudarle a que se encuentre a sí mismo y a que averigüe quién es. Será él quien lo haga y cuando eso ocurra, por ley de vida y de muerte, yo ya no estaré aquí y no lo veré.

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