“Que ahora parezca que las víctimas nos molestan dice muy poco de nosotros”

mariaaaMaría San Gil nació hace 50 años en San Sebastián, y siempre ha entendido que la política era poder servir a la sociedad y confrontar ideas con los que no pensaban como ella. El 23 de enero de 1995, mientras comía en un restaurante, fue testigo del asesinato, a manos de la banda terrorista ETA, del parlamentario vasco y concejal del Partido Popular, Gregorio Ordóñez. Este asesinato desencadenó su entrada a la política activa. San Gil fue presidenta del PP en el País Vasco de 2004 a 2008 y se convirtió en uno de los máximos referentes de la lucha contra el terror. Retirada del panorama político desde hace siete años, y dedicada a la docencia, la donostiarra habla con Mirada21 de temas como el asesinato de Gregorio Ordóñez, los años más duros de ETA, el papel de las víctimas del terrorismo o el estado actual de la política española y del Partido Popular.

¿Por qué razón decidió entrar en política?

No fue una decisión tal cual, fue algo más complicado. Siempre he vivido de cerca la política, en mi casa, con mis amigos… Cuando era pequeña iba al colegio francés y un día nos pusieron una bomba. A partir de ahí, entrábamos todos los días con dos grises, con metralleta, en la puerta. Yo era de las que les saludaban, pero tenía compañeros que les insultaban, y luego reñíamos. Los que hemos vivido en el País Vasco en los años 80 estábamos muy implicados políticamente. Eran los años de plomo de ETA, y, sin quererlo, te posicionabas ante esa barbarie. En el año 1991, me propusieron trabajar de secretaria en el Ayuntamiento de San Sebastián, y acepté. Nunca pensaba dar el paso a la política. Luego llegué a ser la jefa de gabinete de Gregorio Ordóñez hasta que ETA lo mató. Me quedé en estado de shock absoluto, y Jaime Mayor Oreja, que sustituyó a Gregorio, me pidió que fuera con él en las listas. En el año 1995, entré activamente en política. Fue una decisión complicada, no me encontraba nada bien. Pero mi marido y yo pensamos que no podía pasar algo así y que nos metiéramos debajo de la cama, había que intentar dar un paso.

La política actual ¿es un servicio o un negocio?
Yo ya estoy fuera, con lo cual, es verdad, que si estoy fuera, es porque no me gusta lo de dentro. Ese hacer política por intentar mejorar la sociedad, por aportar un proyecto mejor o por dejar algo mejor a las siguientes generaciones ha pasado a un segundo plano. Ahora, el ser político, en general, es más una voluntad de medrar, de tener poder por tenerlo, de influir, de ser importante… A veces, pienso que nos olvidamos de que la política es servir a los demás y no servirnos de ella. Cuando empecé a trabajar con Gregorio, los bedeles del Ayuntamiento lo adoraban, porque veían al teniente de alcalde llegar antes que ellos a trabajar e irse después. Para mí eso es hacer política. Trabajar arduamente por la ciudad en la que vives, por los principios en los que crees.

¿Le ha merecido la pena defender sus ideas? ¿No era más cómodo callarse?
Sí, pero si en el año 1995 me cuentan que, además de a Gregorio, van a matar a una gran cantidad de amigos, que voy a ir a un montón de tanatorios y funerales, o el miedo que voy a pasar, en frío hubiera dicho que no. En el año 2015, con mis hijos ya criados, creo que he sido una privilegiada y ha merecido la pena haber podido defender lo que creía, la libertad, la derrota de ETA… a pesar de lo malo. Hay gente que me dice que no ha servido para nada, yo creo que he hecho lo que debía hacer. ¿Adónde nos ha llevado esto?, ¿a que el PNV tenga la hegemonía absoluta?, ¿a que Bildu esté en las instituciones?, ¿a que mi partido se ponga de perfil? Yo ahí no puedo hacer nada.

¿Cómo vivió su familia su etapa como política?
Yo soy novia de mi marido desde los 15 años, y tengo la inmensa suerte de haber vivido todo con él. Esto no lo podía hacer yo sola y él siempre me apoyó. Mis hijos, en cambio, se han enterado muy poco. Han tenido la suerte de vivir bastante aislados y que mi madre se ocupara mucho de ellos. Hace un tiempo, presentamos un libro de las víctimas del terrorismo, y le pedimos a José María Aznar que viniera. Yo le dije a mi hijo que vendiera libros en la puerta, y me preguntó que si yo conocía a Aznar. En ese momento pensé que verdaderamente mi hijo no se había enterado de nada.

¿La política le impidió relacionarse con la gente de la calle?
No me aislaba la política, me aislaba la existencia de ETA. Estábamos todo el día intentando que no nos mataran. Tú no puedes ir al cine con tus amigas porque ellos te vigilan. Sabían lo que tú hacías habitualmente. Yo en esa época, además, llevaba un montón de escoltas y no quería influir en la vida de mis amigos. Procuraba salir de casa muy pronto, y volver muy tarde. Comía en el Ayuntamiento, porque salir y entrar en casa eran los puntos fijos en los que te vigilaban. Si había una moto en el portal había que rodearla, fueron años muy duros. Si eres presidente del Gobierno entiendo que vivas aislado, pero si eres concejal de una ciudad como San Sebastián tienes que poder hacer vida normal. La gente te para y convives mucho con tus vecinos. Yo no creo que el ser político te deba aislar, al revés, creo que te enriquece mucho el pisar la calle, y ser normal.

¿Qué le parece el papel de las víctimas del terrorismo?
Las víctimas me parecen encomiables. Estoy particularmente triste por la muerte de Ana María Vidal-Abarca, que para mí era una mujer excepcional. Ella fundó laAsociación de Víctimas del Terrorismo. Mataron a su marido cuando tenía cuatro hijas pequeñas, y nunca le oí decir una palabra de odio, de rencor o de venganza. Hay cientos de víctimas, familiares de los 856 asesinados por ETA, que no se han tomado la justicia por su mano. Es gente que solo pide justicia, memoria y dignidad. Que no quieren hacer padecer a nadie lo que ellos padecieron. Es un colectivo al que le debemos muchísimo y al que últimamente le hemos dado la espalda. Que ahora parezca que las víctimas nos molestan o que son unas pesadas dice muy poco de nosotros.

El pasado 5 de junio el lehendakari, Íñigo Urkullu, pidió perdón a las víctimas del terrorismo. ¿Qué le parecieron esas palabras?
El tema del perdón es muy particular. Yo pido justicia porque es lo que se puede pedir. Al lehendakari le pido que me diga qué medidas va poner en práctica para intentar devolver a las víctimas la dignidad que durante tantos años les ha negado. ¿Cómo permite que el Ayuntamiento de Pamplona esté gobernado por Bildu?, ¿cómo le da votos a un partido que es heredero del brazo político de ETA? Ellehendakari, que es un político, debería con sus acciones demostrar sus palabras. Es verdad que el PNV ha condenado el terrorismo, solo faltaba, pero nunca ha hecho nada por derrotar a ETA. Durante cuatro años, el Ayuntamiento de San Sebastián ha sido de Bildu, porque al PNV no le ha dado la gana sumar sus fuerzas, como ha hecho ahora en Pamplona o Vitoria.

¿Usted ha podido perdonar a los que mataron a Gregorio Ordóñez?
Yo no puedo vivir con rencor, ni con odio, ni con ánimo de venganza. Si me cruzo con Valentín Lasarte, uno de los que mataron a Gregorio, no le voy a pegar, ni le voy a insultar, pero se me revolverán las tripas. Mientras él pasea solo por San Sebastián, yo lo hago con escolta. Yo no le tengo que perdonar nada, será la viuda de Gregorio la que lo tenga que hacer. No me parece bien que esté en la calle y que por matar a una persona estés menos de 20 años en la cárcel. La vida humana vale mucho más. No le deseo ningún mal, ni oirá de mi ninguna mala palabra, ni ninguna mala acción.

¿Se puede acusar a la sociedad vasca de tener un silencio cómplice con el terrorismo?
No tengo ninguna duda. Pero no hemos nacido cobardes. Hemos vivido casi 50 años de terrorismo y al final nos hemos convertido en una sociedad enferma. Era el sálvese quien pueda. Me pongo de perfil porque no quiero que esto me roce. Al final, el hacer pública una afiliación política te suponía estar en la diana de una banda terrorista. ETA tenía muy claro que había que socializar el terror. Mataba a uno para amedrentar a mil. El miedo es un sentimiento que no puedes controlar. Cuando ves que a tu vecino se le ha ocurrido ponerse un lazo azul y le han agredido, ya no te lo pones. ¿Tú crees que en la Alemania nazi eran todos nazis? Al final somos cobardes, miedosos y egoístas. Ahora que no hay terror palpable y evidente, porque están en las instituciones, podríamos alzar la voz. Y, tampoco se hace.

¿Qué le parece la política antiterrorista que se está haciendo en estos momentos?
¿Se hace política antiterrorista? Yo creo que estamos siguiendo la política de José Luis Rodríguez Zapatero. He denunciado, por activa y por pasiva, el haber permitido que los proetarras vuelvan a las instituciones, porque es un retroceso democrático. Es verdad que ETA no mata, y no creo que nadie se alegre más que yo, pero están en las instituciones. No entiendo que dejar de matar te dé premio. Matar y dejar de matar no tiene premio. Si tenemos que derrotar a ETA, es a la ETA que mata y a la ETA política. A mí que me quieran imponer su proyecto político, por el que han matado durante 50 años, no me parece bien. Deberíamos haber sido más firmes y contundentes en la defensa de unos principios, que son los que nos han guiado como Partido Popular, durante mucho tiempo y por los que muchos compañeros han sido asesinados.

Cuando usted lideraba el Partido Popular del País Vasco, los resultados eran mejores que los que tiene ahora. ¿Fue gracias a usted?
Era gracias a que éramos un partido reconocible y que nuestros votantes se sentían identificados con nosotros. Lo que la gente no se atrevía a decir en el bar o en el trabajo, lo decíamos nosotros en las instituciones. Se sentían orgullosos de votarnos. Éramos su partido. Los que defendíamos la idea de España, la derrota de ETA y una alternativa al nacionalismo. Éramos un partido muy auténtico.

¿Qué le diría a todos esos niños que no han vivido el terrorismo de ETA?
A mí me parece fundamental que nuestros jóvenes conozcan lo que ha pasado. Muchas veces en clase les cuento que acabar con el terrorismo, con la ley, es algo de lo que debemos sentirnos orgullosos. Tenemos que saber lo que ha pasado y lo que hemos hecho para no repetirlo. Y que no todas las ideas son legítimas. Si alguien, por ejemplo, defiende que la mujer es un ser inferior no lo puede hacer. Que el proyecto de ETA sea legítimo no es verdad. La derrota del terrorismo no es ni de derechas ni de izquierdas, es de coherencia cívica.

En 1995, vivió en primera persona el atentado a Gregorio Ordóñez, y en 2008 le diagnosticaron un cáncer. ¿A qué se agarra en los momentos más difíciles?
A la fe, a la familia, a los amigos… Lo de Gregorio fue tan dramático que todo lo demás fue menos brutal. Ver matar a alguien delante de ti es una experiencia para la que no estás preparado. Fueron meses muy complicados. Los años que vinieron después, de miedo y de sentirse perseguidos, los pude llevar mejor porque lo primero fue demasiado horrible. Para mí Dios, la fe y la familia me han ayudado muchísimo. Tienes que tener siempre asideros en la vida.

En su libro En la mitad de mi vida, publicado en 2011, dice que “parece que es más cómodo relativizarlo todo”. ¿Qué le parece la deriva que está tomando la sociedad?
Hemos perdido un poco la esencia de una sociedad que peleaba por sus ideales y que tenía un proyecto definido. Nos hemos convertido en acomodaticios, bulímicos, poco peleones, sobre todo los de centro derecha. Los de izquierda no, esos son muy peleones. Nosotros, en cambio, seguimos teniendo un cierto complejo. A mí me da igual Franco, y no tengo ninguna esencia del pasado. Yo soy de centro-derecha, católica practicante, heterosexual, y estoy encantada. Creo que eso es lo mejor para que una sociedad prospere. Y creo que los principios del humanismo cristiano son la base, creas o no creas, que nos ha hecho pervivir como sociedad durante 20 siglos. Es muy incómodo ser del PP en San Sebastián. Entonces relativizas. ¿Las víctimas?, ¿el aborto? Pues no importa porque vamos a caer bien al adversario. Yo quiero caer bien al que me vota.

Usted tiene fuertes convicciones religiosas. ¿Los católicos tienen cabida en este Partido Popular?
Hay muchísimos católicos practicantes en el Partido Popular. Eso lo único que hace es sumar, y lo que más, porque te da unas premisas vitales que son muy positivas. Yo soy del Partido Popular. Si me dices ¿estás cómoda? Ahora mismo, no sé si estoy muy cómoda, pero soy del PP. A lo mejor, los que no son del PP son los que están arriba. Ser del Partido Popular y católico no es incompatible. Somos un partido que tenemos unos valores cristianos muy arraigados, que son la esencia de nuestra cultura, y renegar de eso es como renegar de mi padre o de mi madre.

En su juventud trabajó de au pair, dando clases particulares, vendiendo seguros… ¿Debe haber vida más allá de la política?
Yo no me pensaba ir de la política en 2008. Cuando decidí que me iba era porque entendí que las cosas estaban cambiando y que no iba a poder estar cómoda en esa deriva del partido. Si llego a saber cómo estamos siete años después… Si todo lo acertara como acerté aquello hubiera acertado la lotería. Cuando te vas te quedas con una mano delante y otra detrás. Y dices ¿ahora de qué vivo? Porque yo era política, y un político vale para todo y no vale para nada. A mi laboralmente me ha costado mucho encontrar trabajo. Pero a la larga merece la pena, aunque el fin de mes sea muy complicado. Vivir toda la vida de la política no es sano. Te acostumbras a tener sueldos muy buenos, y a veces con muy poco esfuerzo. En mi caso, tenía a un maestro como Gregorio del que aprendí y trabajábamos de sol a sol, pero hay muchos compañeros míos que a lo mejor por apretar un botón reciben unos sueldos muy buenos, y que viven en política 30 y 40 años.

¿Es ingrata la política? ¿Ha perdido muchos amigos desde que la dejó?
Siempre defendí que en el País Vasco no éramos políticos, éramos un grupo de amigos. Hasta que me sentí incómoda y dije que me iba. Miré para atrás y me seguían cinco. Si no estás de acuerdo con tu jefe y los de atrás no te siguen te tienes que ir. A mí en el País Vasco hay mucha gente de mi partido que ya ni me saluda. Yo siempre me quedo con lo bueno, para mí han sido años apasionantes.

En su biografía cuenta que hacer política era “que si un día se encontraban sus hijos y los de Otegi en un bar no pasara nada”. ¿Hoy en día podría darse esta situación?
Los que estarán encantados son los hijos de Arnaldo Otegi, porque han ganado. Pero los míos no tendrán que bajar la cabeza nunca jamás. Yo me esforcé mucho para que la convivencia fuera de verdad. Ahora nos han ganado, porque nos hemos dejado, y a mí eso me da muchísima pena. No hemos dado la batalla de las ideas, con la ley en la mano, lo suficiente. Mi hijo no entiende que hayamos tenido un alcalde de Bildu en el Ayuntamiento en el que mataron a Gregorio Ordóñez.

Entonces, ¿ha habido vencedores y vencidos?
No te quepa ninguna duda y que nos están intentando contar una historia que no ha sido. Hay vencedores y vencidos, pero no como decíamos nosotros, sino al revés, porque han ganado ellos. Están escribiendo una historia en la que todos hemos sido víctimas y todos hemos sufrido mucho. Ahora hacemos tabla rasa y empezamos de cero. Pero no podemos, porque aquí ha habido una sociedad en la que unos hemos sido víctimas sin querer, y otros han sido verdugos queriendo. Yo me los cruzo por la calle y no puedes imaginar la chulería que tienen, están encantados. Mi diputado general ha sido Martín Garitano, que era el redactor jefe de Egin cuando liberaron a Ortega Lara. Al día siguiente el titular del periódico fue: “Ortega Lara vuelve a la cárcel”. No me sorprende cómo son ellos, me sorprende la poca reacción del resto de partidos.

¿Qué le parece que los miembros de ETA escriban libros o sean entrevistados en los medios?
Que ahora ya los etarras escriban libros y nos den lecciones… ¿Ahora me tiene que dar pena el etarra? No le deseo ningún mal, pero que el subtítulo del libro sea “lo difícil es perdonarse a uno mismo” y no sepa ni cómo se llama la gente a la que ha asesinado. Yo antes de escribir un libro, si realmente estoy tan arrepentido, me dirijo a la familia, hago pública una petición de perdón o colaboro con la Justicia. Hay más de 300 familias que no saben quién ha matado a su padre, a su hermano… Que les demos el protagonismo y nos parezca muy progre y muy moderno, lo siento, pero no. Me da muchas más pena y ternura la familia que ha perdido un miembro de forma injustificada. Están intentando equiparar a la víctima con el verdugo: la víctima nos da mucha pena, pero el verdugo también.

(Leer original aquí) #Mirada21

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