Un bufón (en minúscula)

shttp%3A%2F%2Fstatic.dscuento.com%2Fimages%2F14%2F285%2F3000%2F307511%2F5%2Fofertas-de_1352213594603Era el mes de septiembre de 2007 cuando nos conocimos. Pau Gasol acababa de lanzar a canasta, era la última jugada del partido, y la pelota había rebotado en el aro. España perdía en Madrid la final del Europeo de baloncesto. Estaba triste y volvía a casa sin entender cómo habíamos podido desaprovechar aquella oportunidad. Una sensación de rabia y desazón me invadía. Y entonces, cuando iba a meter la llave en el portal, una cara familiar apareció ante mí. Tal fue mi sorpresa que entré en estado de shock. Sin saber muy bien cómo reaccionar subí a casa y diseñé una estrategia. El plan consistiría en bajar a la calle y abordar a aquel personaje. Mi hermana debería ser mi cómplice y la encargada de inmortalizar el momento desde el balcón.

Con la fascinación propia del niño que se topa con los Reyes Magos por primera vez, me acerqué y le pedí que si nos podíamos hacer una foto. Estaba soñando, era como abrazar a Teseo o a Odiseo, o a todos los héroes griegos a la vez. El mito era real y estaba ante mis ojos. No podía salir de mi asombro. Cuando llegó el momento de ejecutar lo planeado, las piernas me empezaron a temblar. Como si del abrazo al Apóstol se tratara, deslicé mi mano por su hombro y juntos miramos a una luz que nos apuntaba desde lo alto. La cámara hizo click y, en eso, sentí cómo un tercero se agarraba a mi cintura. El tiempo se detuvo y ocurrió algo que cualquier artista francés del siglo XX calificaría como surrealista; me encontraba, entre una leyenda del fútbol mundial y un simpático espontáneo, dedicándole a mi hermana una de Clavelitos.

Leo la prensa en las últimas horas y descubro que uno de los ídolos futbolísticos de mi infancia está a punto de marcharse del Real Madrid. Iker Casillas, el tipo que le cantó a mi hermana que nos diera un clavel, parece que hace las maletas para irse y no volver. Al portero, que ha permanecido más de tres lustros en el equipo de sus sueños, ya no le quiere ni los suyos. Aquel fantástico jugador, que le dio tres Copas de Europa al Madrid y un Mundial a su selección, no es más que una caricatura de lo que fue. Y es que, “a todo cerdo le llega su San Martín”. Casillas está acabado y el madridismo cuenta los minutos para que se vaya. Jugadas bochornosas, como las del último Mundial y las de la final de La Décima, son su pan, noche y día. En un partido de solteros contra casados no sería ni convocado.

Sin embargo, su lamentable estado de juego no ha sido la causa para que el que fuera mi gran ídolo de la infancia deje de serlo ahora. Casillas no pasará a la historia del madridismo por arrastrarse en sus últimos años de carrera. Antes lo hicieron jugadores como Zidane y Raúl, y nadie se lo echa en cara. Casillas será recordado por ser el capitán que vendió a su club por un plato de lentejas. Por ser capaz de unirse al enemigo por ganar un Príncipe de Asturias. Por dividir a su equipo con tal de jugar. Por permitir que se humillara a dos compañeros a cambio de ser titular en 15 partidos. Casillas ya solo es un bufón (en minúscula). Es el antihéroe que cualquier escritorzucho sabría describir a la perfección. Aquel jugador que es capaz de traicionar por 30 portadas de oro. El ángel más bello que se dejó seducir por crónicas de sirena. Iker, fuiste lo más grande. Hoy ya no eres nada y el Madrid tiene que pagar para que te vayas. Eras mi héroe, pero has acabado como aquellos dibujos que ves de mayor y te preguntas cómo pudieron gustarte tanto.

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