Inglaterra 2015, cuando el balón ovalado paraliza el mundo del deporte

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Una colorida muchedumbre invade estos días el aeropuerto londinense de Stansted. De la puerta B 23 salen los que visten de verde. Mientras que por la C 12 aparecen los que van de blanco y azul. La salida C 43 está reservada, en esta ocasión, para los que van de luto riguroso. La zona franca se convierte en unos minutos en un arcoíris de gente fornida a los que les une una pasión: el rugby. Irlandeses, argentinos y neozelandeses hacen cola ante el control de pasaporte para poder entrar en Gran Bretaña.

Venidos de todos los rincones de la tierra, algunos desde las antípodas, los aficionados cuentan las horas para ser parte del evento deportivo del año. La octava edición del Campeonato del Mundo de Rugby acaba de comenzar en Inglaterra y Gales, y son miles los hinchas que se acercan hasta las islas para vivirlo en primera persona. El torneo enfrenta a 20 selecciones durante 44 días y es el tercer acontecimiento deportivo más seguido, después del Mundial de fútbol y los Juegos Olímpicos, con 4000 millones de espectadores.

Nacido de un gesto de rebeldía
Las banderolas con el logotipo de Inglaterra 2015 engalanan la ciudad de Londres. En la City de la capital británica el Swiss Re se levanta como si hubiera sido ideado expresamente para la ocasión. Su forma ovalada advierte al aficionado de estar tocando la tierra sagrada del rugby. Un deporte que se remonta al año 1823 cuando un estudiante de la ciudad inglesa de Rugby, llamado William Webb Ellis, cogió la pelota con las manos y la llevó hasta la portería contraria, marcando un gol durante un partido de fútbol. Un gesto de rebeldía que cambiaría para siempre la historia del deporte.

En un hostel, muy cerca de la casa de la piedra rosetta (el British Museum), una veintena de aficionados conversa en distintas lenguas sobre el partido que tendrá lugar al día siguiente. En esta Torre de Babel, el pedrusco mágico que descifra el tema principal de todas las conversaciones no es otro que un balón ovalado. José, Carlos y Valero se hospedan allí y han venido desde Madrid para ver el encuentro que enfrentará a Nueva Zelanda con Argentina. La pasión de estos hinchas por este deporte se remonta a cuando compartían vestuario en el Club Complutense Cisneros, un histórico del rugby madrileño.

El gran día ha llegado y los trenes que van con destino al estadio de Wembley, donde se enfrentan los All Blacks y los Pumas, se abarrotan de aficionados. Carlos, que viste la camiseta del que fuera su club, comenta apasionado que el rugby es la batalla perfecta. José, en cambio, que va con la zamarra albiceleste de la selección argentina, destaca que es de los pocos deportes de equipo en el que no caben las individualidades. En la estación de metro Wembley Park un ejército de miembros de la organización les da la bienvenida.

Bárbaros que juegan como caballeros
A los pies del remozado Wembley, un gigante con capacidad para 90.000 espectadores, se sitúa la fan zone del encuentro. Los tangos argentinos compiten con las hakas neozelandesas por seducir a los aficionados. La copa Webb Ellis, llamada así en honor del creador del rugby, se presta a todo tipo de selfis y fotografías. Una mujer de pelo blanco, que va en silla de ruedas, conversa con su marido que, como ella, viste por entero con los colores de su equipo. El entusiasmo y la compostura reinan en este improvisado campamento bárbaro. Y es que, como diría Winston Churchill, el rugby es un deporte de bárbaros jugado por caballeros.

En el interior del estadio todo está preparado para que comience el partido. Al aficionado al fútbol rápidamente le llama la atención la ausencia de hooligans. No hay ultras, ni barras bravas. El público anima al unísono. Aquí la gente no pita al árbitro, las normas son sagradas y el jugador que infringe el reglamento es abucheado. Con puntualidad británica saltan los dos conjuntos al terreno de juego. Nueva Zelanda, actual campeona del mundo y candidata a reeditar el título, protagoniza su famosa danza guerrera para amedrentar al rival. Los gritos, las lenguas fuera y los golpes de pecho de la haka puede que tengan algo que ver en su victoria final ante Argentina.

(Leer original aquí) #Mirada21

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