Siempre nos quedará París

Paris_1Asisto perplejo al desastroso tratamiento informativo que se está haciendo en los grandes medios televisivos españoles (exceptuando el canal 24h) de la masacre de París. Una vez más, el entretenimiento de los Salvame’s y Master’s Chef’s, para el que no se racanea ni un céntimo, choca con la información de unos famélicos telediarios carentes de corresponsales, que se ven obligados a echar mano del tan criticado periodismo ciudadano. Sin embargo, esto no es lo que más me ha llamado la atención de la pobreza mediática tan alarmante que vivimos. Han pasado ya varias horas desde que los bárbaros perpetraran el horror y todavía casi nadie ha tenido la capacidad, o directamente la intención, de profundizar en el móvil del crimen. ¿Por qué? Qui lo sa.

Según un comunicado de los autores de la matanza, que dan por válido todos los servicios de inteligencia, los atentados fueron provocados por  “un fiel grupo de soldados del Califato que lanzaron un ataque, apuntando a la capital de la prostitución y la obscenidad, el portador de la bandera de la Cruz en Europa, París”. El ataque de los yihadistas tuvo como objetivo una sala de fiesta, unos cuantos restaurantes y un estadio de fútbol. Tres templos del modo de vida occidental. Y es que, como muchos no se quieren enterar, los extremistas atentan contra una Europa que, como bien escribió el ex ministro Jaime Mayor Oreja en su Facebook, “cuando la nada, la socialización de la nada, se impone en nuestras sociedades, los movimientos extremistas y en ocasiones violentos, ocupan nuestro vacío”.

La historia suele ser cíclica y cuando las civilizaciones olvidan sus raíces los enemigos entran como Pedro por su casa. Ocurrió con los bárbaros en la decadente Roma de las alcantarillas atascadas por los cuerpos de los no nacidos, y ocurrirá en la Europa relativista que destruye la familia, sacraliza la usura y legaliza el feticidio. El dolor no puede caer en saco roto, nos debe hacer reflexionar profundamente. Es la hora de ir más allá de las corbatas negras, del “Je Suis París”, de las condolencias y de las declaraciones institucionales. Europa tiene que volver la mirada a sus cimientos, a aquello que la ha unido durante siglos y que hoy se ha extirpado hasta de la Constitución (si la hubo). Si Europa no hace examen de conciencia, lo vivido en París se convertirá en el Día de la Marmota.

“Es el momento de estar todos unidos”, dicen nuestros políticos. ¿Unidos en qué? ¿En la verdad relativa que cada uno se puede dar? ¿En la cultura de la muerte? ¿En la avaricia y la corrupción como sistema político? ¿En el valor supremo del dinero y del placer? Arturo Pérez Reverte lo ha expresado en su Twitter así: “La Europa de ideas serenas, democracia, cultura y dignidad está asustada, estupefacta y en fuga. Y huir sólo sirve para morir cansado”. Europa no puede huir ante el espejo. ¿Quién soy? Se debe preguntar para ser fuerte. Señores, si por este camino vamos mal volvamos a cultivar la dignidad del ser humano, la libertad, la igualdad y la fraternidad. Estamos a tiempo. El televisor más remoto de Bagdad nos lo agradecerá. Levantémonos, renazcamos de nuestras cenizas, que siempre nos quedará París.

Leer original en Mirada21

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