Osoro anima a los jóvenes a “no cerrar ninguna de las dimensiones” de la vida

osoronot_(1)“Hay que jugarse la juventud por grandes ideales”, invitó en una de sus primeras cartas pastorales como arzobispo de Madrid. Cuando pronto se cumplirá un año y siete meses de su nombramiento, monseñor Carlos Osoro recibe en su casa a Mirada 21 para hablar de las inquietudes y aspiraciones de los jóvenes católicos y de los que todavía “no tienen activada la dimensión trascendente”. Cántabro de nacimiento y con 70 años de edad, el 28 de agosto de 2014 fue designado para llevar las riendas de la diócesis más poblada de España. Cercano y con espíritu de acogida, el prelado entiende el cristianismo como “una manera de vivir” en la que “no se entregan teorías”, y anima a todos a celebrar el Año de la Misericordia que propone el Papa.

¿Qué le han transmitido los jóvenes madrileños desde su llegada a la diócesis?
La juventud tiene ansias de buscar el bien, de ser feliz, de buscar salidas. Los jóvenes tienen utopías que, a veces, es verdad que degeneran en desconfianza, porque no les ven el futuro, pero si les entregas cosas válidas y verdaderas, ganas el corazón de los jóvenes. Son gente de un gran corazón, desde los que creen hasta los que tienen activada esa dimensión trascendente, pero a los que se les puede hablar, y cuando se les habla al corazón escuchan.

Hay muchos jóvenes actualmente que no están interesados en la fe. ¿Qué está fallando? ¿Cómo se logra hacer atractivo el mensaje de Jesús?
Lo que más gana el corazón de un joven son los testigos creíbles, que les enganchan. Fue lo que ganó a un joven como el apóstol san Juan por parte de Jesús. Siempre me he fijado que los jóvenes, en general, enganchan con aquellos que dan un testimonio creíble, que se manifiesta en obras, en la acogida, en la densidad de su vida, que generan confianza, que generan esa capacidad de sentirse a gusto con ellos. A eso los jóvenes responden, no hay joven que se resista.

Nada más llegar a Madrid, convocó a los jóvenes a una vigilia mensual en la catedral de La Almudena. ¿Cuál es su propósito?
Quiero que nos unamos todos los que creemos en nuestro Señor, que a veces vivimos en familias de la Iglesia que anuncian el Evangelio de maneras diversas. El obispo tiene que ser padre y pastor de todos, y tengo que convocar a los jóvenes para verlos, y la mejor convocatoria es hacerla en torno a nuestro Señor. Eso es lo que tiene éxito, no yo. Los convoco para escuchar Su palabra, para dejarnos mirar por Él, para dejarnos querer por Él, y para tener, aunque sea una vez al mes, un diálogo en el que todos nos encontramos identificados. Todos queremos el bien que Él genera en nosotros para poderlo entregar también a los demás.

Muchos jóvenes se sienten solos o carentes de afecto en medio de esta sociedad. ¿Qué palabra les puede dar la Iglesia?
Yo más que palabras quiero entregarles una manera de ser persona, que además no nos la dice cualquiera, nos la ha mostrado nuestro Señor. Es una manera de vivir y de estar en el mundo, de estar junto a los demás, de entregarnos, de servir, de no mirar para nosotros mismos, de mirar siempre el bien de los demás, de no utilizar a los demás, de que los demás no son cosas, son personas, son imágenes de Dios. Es toda una manera de vivir, creo que no entregas teorías. Lo que convence a un joven es la persona de nuestro Señor. Cuando tú le propones seguir sus huellas, le podrá costar más o menos, porque todos tenemos que renunciar a otras cosas, pero estamos convencidos de que merece la pena. En sus huellas no solamente nos realizamos nosotros, sino construimos y realizamos a los demás. Un joven no mira nunca para sí mismo, mira al futuro, y porque él es futuro, tiene que buscar aquello que de verdad crea ese futuro.

La familia está viviendo una situación que muchos califican como de crisis. ¿Cómo les afecta a los jóvenes?
Les afecta en la profundidad de su corazón. Muchos porque padecen esa crisis en su propia vida y otros porque el paisaje que se les presenta no es precisamente atractivo, no es de permanencia, de pisar en firme, de estar en roca. Todo ser humano para crecer necesita ser amado, sentirse querido y experimentar en su propia vida, eso que después él tiene que regalar a los demás. Si eso está roto, y en el entorno suyo no lo ve, le hace sufrir. Es muy importante que el joven encuentre espacios donde vea que existen otros horizontes en los que puede vivir y ser feliz. Cuando eso lo encuentra, elige fácilmente ese espacio donde el amor es percibido, vivido, experimentado, y con capacidad para ser entregado. He convivido con muchachos que no tenían familia, o estaba rota, y mi experiencia es que, si propicias una atmósfera en la que ellos pueden experimentar algo que merezca la pena, lo eligen para toda la vida y lo promueven en sus familias y en todo su entorno.

En los últimos años se está viendo en muchos conventos un boom vocacional de gente joven. ¿Cuáles son las causas?
Los vacíos que crea nuestra cultura son tan hondos que cuando un joven se encuentra con Dios toma opciones radicales. Opciones que le llevan a entregar la vida entera. Esto se puede hacer de muchas maneras, una de ellas es entrar en la vida consagrada, o en la contemplativa, de misioneros o viviendo como laico cristiano con una radicalidad grande. El joven de hoy, ante los vacíos tan grandes que nuestra sociedad crea en la profundidad de su corazón, cuando se encuentra con quien no deja vacío a nadie, le da la vida. Un muchacho cuando tiene 18 o 20 años tiene todas las posibilidades de la vida, ahora, no le vale cualquier cosa. Cuando se encuentra a gusto y descubre que al encontrarse con nuestro Señor su mirada hacia los demás, hacia la vida, es nueva y tiene otras gafas, lo da todo.

¿Cómo se puede transmitir a los jóvenes el valor conjunto de lo espiritual y lo social que se da en el mensaje de Jesús?
Nosotros no tenemos otro maestro que Jesús, y a Jesús resulta que la gente cuando hablaba lo escuchaba. Lo escuchaba porque lo que decía lo ponía por obra. El mensaje más grande de un cristiano es que no es un teórico, ni alguien que organiza una fundación para hacer un bien a los demás, o una ONG. Es alguien que vive una experiencia profunda de un Dios que le ama, que le ha creado, que le da su gracia, que le da su vida, que le planta en medio del mundo. Él es el espejo en el cual yo veo lo que es el ser humano, porque Él mismo se ha hecho hombre, y si experimento eso, no lo puedo hacer solo con palabras. No puedo decir que soy muy bonito y luego ser un sinvergüenza, no puedo decir que hago el bien, y no hago nada porque me quedo sentado en casa, yo lo tengo que hacer como nuestro Señor, que dijo que solo había uno bueno que era Dios. Él mostró que era el rostro del bueno y lo hizo con obras, acercándose a todos los hombres sin excepción. El Señor no solo se acercó a los que creían en Él, se acercó a los que murmuraban y a los que estaban para hacerle la faena. Y comenzó a decirles que no estaban solos, que tenían un Dios que era padre de todos los hombres, y quien decía creer tenía que ser un hombre que era para todos, no para los que le dieran la razón.

La Iglesia está viviendo el Año de la Misericordia. Usted perdonó recientemente a la portavoz del Ayuntamiento de Madrid por haber asaltado una capilla de la Universidad Complutense. ¿Es el perdón lo más genuino del cristianismo?
El perdón es de las palabras más importantes que tiene la fe cristiana. ¿Por qué Dios viene y se hace hombre? Porque no nos tuvo en cuenta lo que habíamos hecho. Habíamos tomado la decisión de abandonar el camino de Dios y de hacer nuestro propio camino. De retirarlo del horizonte de nuestra vida, y adorar becerros de oro. Dios no lo tuvo en cuenta. Conoce la debilidad del ser humano, y por eso viene a este mundo. Nos regaló su fuerza y su gracia para que tuviéramos el valor de no hacernos otros dioses. Es verdad que la palabra perdón no existe nada más que en el cristianismo, y es un perdón con todas las consecuencias. El perdón es la misericordia, el abrazo incondicional de un Dios, que nos lo sigue dando aun sabiendo todo lo que hacemos.

Muchas veces se intenta deslizar como si el mensaje del Papa Francisco estuviera en colisión con el de sus predecesores. ¿Es así?
El mensaje del Papa Francisco tiene continuidad con los papas anteriores. Juan XXIII, en el discurso de inauguración del Concilio Vaticano II ya decía que la Iglesia no tiene que presentarse en medio del mundo recriminando y riñendo, sino entregando el rostro misericordioso de Dios. Pablo VI nos ha dicho en las diversas encíclicas que la Iglesia es maestra cuando se presenta como lo hizo el maestro. San Juan Pablo II nos ha hablado en una encíclica del rostro misericordioso del Padre. La encíclica Deus caritas est, de Benedicto XVI, es una aproximación de lo que es la misericordia de Dios con obras, no con palabras. Ha sido una reactualización de lo que tiene que ser la caridad cristiana. Y, por último Francisco nos lo está haciendo ver de una manera tan tangible. También es verdad que Francisco no solamente lo ha escrito, y ha declarado un Año, sino que está intentando hacer vida las obras de misericordia en los lugares donde va, en las visitas, con las personas que se encuentra. Es evidente que puede extrañar a algunos, pero él no solamente se queda en decir unas palabras, sino que nos anima a salir. La Iglesia tiene que salir al mundo, y el primero que lo ha hecho es el sucesor de Pedro.

Este verano se celebra en Cracovia (Polonia) la Jornada Mundial de la Juventud. ¿Qué les diría a los jóvenes que tienen pensado, o les gustaría, acudir?
El ser humano es peregrino por naturaleza. El peregrino tiene metas. Podrá dar muchas vueltas para llegar a ellas, pero sabe dónde tiene que ir. El encuentro de jóvenes en Cracovia tiene una meta que es encontrarse con Jesucristo. Un camino en el que coincidir con jóvenes de todo el mundo, que muchos creen y otros tienen dudas. Yo les invitaría a los jóvenes a que lleven a sus amigos y que les ofrezcan algo muy diferente a lo que hasta ahora han vivido. Es una peregrinación, un encuentro con los demás, un hablar de las dimensiones profundas que tiene el ser humano, y es muy probable que sea un camino que cambie las vidas de muchas personas. Este año, además, se hace en el lugar de nacimiento de un santo, San Juan Pablo II, que fue el que promovió estos encuentros. ¿Cómo no cambiará la vida de muchos en su propia diócesis y mover el corazón de muchos jóvenes?

¿Cuál es la misión con los jóvenes de una universidad de inspiración católica?
Una de las tareas más bellas de una universidad es buscar la verdad del hombre. Si este la busca solo con sus fuerzas puede tener verdades, o ciertos aspectos de ella, pero no llega a ver la pantalla gigante de la verdad que solo te la da Dios. Una universidad católica es buscadora de la verdad, no pide carnés de identidad, pero promueve el encuentro con esta verdad y tiene una manera de entender al ser humano que es la que le da Jesucristo. Eso lo transmite en las actividades, en la manera de trabajar, en las propuestas que hace, en las orientaciones de las asignaturas… Que el profesor sea católico no quiere decir que limite la verdad, al contrario, está dispuesto a verla mucho mas allá de donde el ser humano la puede ver. Él intentará que vean lo que Dios mismo ve, que es el ser humano. No todos los alumnos captarán todo pero no cierran las dimensiones de la existencia, las abren en su totalidad. Es cierto que tiene que ser una universidad, no es una escuela de catequesis, pero es una escuela que forma personas y las abre a todas las dimensiones de la vida para encontrarse con la verdad, y entre ellas está la dimensión trascendente.

¿Podría mandar un mensaje de ánimo a los jóvenes alumnos de la Universidad Francisco de Vitoria?
Que respondáis al nombre que tiene vuestra universidad. Él era un buscador de la verdad que entregó y dedicó su vida a ella. Os animaría a que no cerréis ninguna de las dimensiones que tiene vuestra vida. Todas os la ha puesto Dios y, entre ellas, también se encuentra la dimensión trascendente. Que descubráis que la libertad religiosa, reconocida por las Naciones Unidas, no es una libertad que se refiere a que me dejen celebrar misa en una iglesia, o en no sé dónde, es una libertad que me legitima para estar en medio del mundo, presentando opciones cristianas, modos de vivir distintos, realidades y cultura diferentes. Porque lo hago, no desde mí mismo, sino desde alguien que me ha ganado a mí, y que ha ganado a muchos como yo.

Leer original en Mirada 21

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