Una china en el zapato

zapatos(1)¿En qué momento se jodió el Perú? Se preguntaba Santiago Zavala en Conversación en La Catedral. Este lunes, muchos de los que hemos tenido la suerte de nacer en ese país nos levantamos con la ingrata noticia de que la hija del ex presidente, y hoy presidiario, Alberto Fujimori había ganado las elecciones. La jodienda de la que hablaba Vargas Llosa no solo no va a terminar, sino que parece que se va a acrecentar. La sombra del fujimorismo ha vuelto y, si una segunda vuelta no lo remedia, lo habrá hecho para quedarse. Las nubes que cubren Lima de enero a diciembre, y que los Andes no dejan transitar, se han vuelto oscuras. Hoy, amenaza lluvia en un lugar donde no llueve jamás.

Es triste reconocerlo, pero es así. El único animal capaz de tropezar dos veces con la misma piedra se viste con chompa de alpaca, le encanta el ceviche y bebepisco sour. Elegir por primera vez a un Alan García, o a un Fujimori, lo hace cualquiera, elegirlos por segunda vez lo hace solo el Perú. La corrupción y el descalabro económico de finales de los 80 parece que no bastaron, el aprista volvería al poder en 2006. Ahora, presumiblemente, el golpismo y la impunidad de los años 90 tampoco serán suficientes. Son muchas ya las caídas, pero la piedra es siempre la misma: ser una plebe sin pueblo. ¿La solución? Primero se repudió en la urnas al peruano por excelencia del siglo XX, hoy premio Nobel de Literatura, y luego se hizo lo mismo con todo un ex secretario general de las Naciones Unidas. Y es que, lo peor de los ignorantes es que son muchos y pueden elegir un presidente.

Así como patria viene de padre y nación de nacer, España es mi patria y Perú mi nación. Nací como eso que muchos llaman criollo en la Lima del año 90, uno de los más convulsos de la historia reciente del país. El Perú se encontraba en quiebra económica, ignorado por los inversores y con un nivel de inflación jamás antes vivido por la población. En casa siempre escuché que se tenía que comprar un kilo de arroz, y otro de azúcar, para poder comprar un bote de leche Ideal. La escasez de productos básicos obligaba al cliente a comprar todo tipo de bienes que no necesitaba. Las estanterías de los supermercados tenían un hambre de seis semanas y la inflación acumulada alcanzaba el 854%. Los ahorros de los peruanos no valían nada y bajo el colchón se amontonaban millones de soles que no daban para comprar un mísero tamal. Ese año García caería, es cierto, pero volvería 16 años después.

Tenía tan solo un mes de vida cuando se convirtió en presidente de la República. Le apodaban El chino, pero era un inmigrante japonés. Durante su Gobierno suspendió la Constitución, sobornó a jueces, congresistas y medios de comunicación. El ingeniero agrónomo que cumplía los años, curiosamente, en la Fiesta Nacional, había situado las instituciones a sus pies. Sus testaferros ofrecían dinero a cambio de favores, en vídeos que abrían los informativos de todo el país. Su poder era tan grande, que cometió el error de creerse todopoderoso. Manipuló las elecciones, ganó y después huyó. Hoy descansa entre rejas, ¿mañana? Qui lo sa. Solo sabemos que el mendigo que dormía en un banco de oro, que diría Raimondi, tiene una china en el zapato, y ya no sabe cómo pisar. ¡Esperemos que no vuelva a tropezar!

Leer original en Mirada 21

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