Unos santos inocentes

inocentesHace unos días mi madre comentaba: “Si esto no cambia, España se va a hundir”. A lo que mi sobrino, de cinco años, le contestó: “Sí, abuela, esta semana no ha parado de llover”. Si algo hemos sacado en claro de la actual situación política es que hay alguien que nos está intentando tomar el pelo. Hace casi cuatro meses que elegimos a unos representantes, y parece que no quieren cumplir con el trato. ¿Por qué no se ponen de acuerdo de una puñetera vez? Nos preguntamos muchos. Bien sabe Dios, que los españoles somos los responsables de la mayoría de los problemas que tiene este país, pero en este asunto reconozcamos que somos unos santos inocentes. Si deseaban que la democracia fuera arrojar un papel en una caja cada cuatro años, ya lo hicimos. ¿Y ahora qué?

El Fondo Monetario Internacional y el Banco de España nos han amenazado con decrecer. El desempleo desciende ahora menos que antes. El consumo baja, se matriculan menos coches y se compran menos casas. El precio del petróleo se estabiliza y con él también el déficit comercial. El agua se estanca, y cuando no fluye corre el riesgo de pudrirse. España pudo salir de la crisis y parece que se lo está pensando dos veces. Nuestra economía en funciones comienza a resentirse y Mario Draghi ha disparado los tipos del interés propio de nuestros políticos. El enfermo estuvo crítico, evolucionó a estable dentro de la gravedad, y ahora ha hecho un hatillo y se quiere escapar del hospital.

“Si al enemigo le va mal, no le distraigas”, decía Napoleón. ¿Y si le va bien? ¡Tampoco! Añado yo. Después de primas de riesgo por las nubes, de un desempleo en el séptimo cielo, de un gasto público desorbitado, de una deuda descontrolada, de la crisis más aguda de la democracia… preferimos lamernos las heridas, y si puede ser con pan, mejor. La marmota estaba decidida a dejar de hibernar y resulta que se ha echado para atrás. Como aquel portugués, después de cantar el árbitro, yo me pregunto: ¿Pur qué? ¿Pur qué? ¿Pur qué? ¡Porque es el tiempo de la política! Comentan demasiados tertulianos, porque siempre son demasiados. Esos mismos, por cierto, que se van cada tarde al Congreso, con su bolsa de pipas, a ver el partidazo de la jornada. Rueda de prensa por aquí, reunión por allá. Pues yo les diría, o nos diría más bien, que al españolito de turno todo eso le da igual.

Hagamos, por un momento, un ejercicio de realismo. Despojémonos del cortoplacismo. Eliminemos de nuestras mentes el tacticismo. Levantemos la vista del papel. ¡Las personas elegidas para administrar nuestra riqueza llevan cuatro meses mercadeando con nuestro porvenir! Uno dice que no se va “porque ha ganado las elecciones”. Otro, que España puede esperar mientras no haya “un Gobierno del cambio”. Otro encarga vicepresidencias, ministros y directores del CNI. El cuarto, según el día, dice una cosa y la contraria. ¿A esto le llamaban nueva política? ¡No señores! Nos merecemos algo mejor. Gente que anteponga el menudeo del poder, por el bien de todos los españoles. Hasta que eso ocurra, yo me quedo con la inocencia de ese niño, porque el día que sean conscientes de lo que hacen sus mayores estaremos todos perdidos.

Leer original en Mirada 21

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